Como cualquier eclosión social de relevancia las causas que han generado el llamado movimiento del 15-M serán variadas y en algunos casos discutibles. Parece claro que las altas tasas de desempleo, sobre todo juvenil y la falta de perspectiva de que esta situación vaya a cambiar en un plazo medio es una, y seguramente la más relevante. Otras pueden ser la percepción de lo particularmente injusto de una situación generada en los ámbitos financieros y vinculados a prácticas especulativas; y de forma especial la incapacidad de la política (dicho en genérico y en términos de uso social) para erigirse en regulador de esos marcos y mercados. La sensación (bien fundamentada, sea dicho de paso) de que se ha consolidado una falla entre la actuación económica de unos poderes que se presentan ocultos y a los que el poder democrático es incapaz de exigir responsabilidades y regular sobre qué se puede hacer y cómo se puede hacerlo. Más bien al contrario son tales poderes los que a través de determinados mecanismos están dictando las políticas.
Esto ha podido poner encima de la mesa la falta de vínculo entre generaciones nacidas y/o socializadas tras la restauración democrática, que han vivido pero no han sentido la “epopeya” de la transición, y el andamiaje institucional que se derivó de ésta. Buena parte del movimiento del 15-M sitúa en esa ajenidad ante “lo establecido” a las propias instituciones, a los partidos políticos, a los sindicatos y en general a cualquier forma de delegación representativa. Esto merecerá la opinión que merezca, pero forma parte de una especie de decepción colectiva detonada en la coyuntura de crisis, pero larvada en los largos años de relajamiento en la responsabilidad sociopolítica incrustada en la mayor parte de la población.
El sindicalismo no quiere ni puede permanecer a su vez ajeno a los retos que este relato nos plantea. Podríamos correr el riesgo de hacer una lectura precipitada de lo sucedido en este último mes y medio, y lo que ello diagnostica. Esa precipitación nos podría llevar a pensar que debemos alejarnos de los espacios institucionales para poder aparecer como referencia más cómoda para este movimiento y lo que en el futuro signifique. Creo que sería un error y una búsqueda superficial de respuestas simples a preguntas más complejas. Lo que debemos hacer, eso sí, es mucha pedagogía sobre la importancia de que el sindicalismo consolide un poder contractual ante las instituciones. En un momento particularmente delicado, pues es la propia efectividad de la acción de gobierno en sus costuras institucionales actuales asimétricas respecto al poder económico, lo que está en cuestión. Y es obvio que si la “gran gobernanza” está en el disparadero, lo estarán los elementos de participación social que adosada a ella hemos sido capaces de conquistar.
Pero más importante que pedagogía es repensar algunos elementos claves de la acción sindical para buscar un modelo más inclusivo en las cosas que hacemos. El sindicalismo ligado a un modelo de relación industrial preferentemente de tipo fordista se entendió ante todo como el modo colectivo de establecer norma laboral insertada en un contrato social más o menos desarrollado según países y contextos, pero bastante simple y explícito.
En la actualidad la norma se ha hecho heterogénea y el contrato social aparece cuestionado de forma cotidiana. La vivencia laboral y como sujeto social de mucha gente se da en un marco cuarteado, precarizado y fragmentado de forma múltiple.
Si por las circunstancias que sean (que serán variadas y de distinta naturaleza) el hecho sindical aparece vinculado únicamente a la defensa de intereses colectivos en empresas de una determinada dimensión, o en lo que Olaverri definió en un reciente artículo como “las inmediaciones del Estado, (el sector público, las contratas con la Administración, los ex monopolios como las finanzas, las eléctricas o la Telefonica)”, el sindicalismo tendrá un problema serio.
Obsérvese que digo si “aparece vinculado”. Los que ejercemos responsabilidades sindicales sabemos que la mayor parte de nuestros recursos están destinados precisamente a atender y tratar de representar a los otros colectivos, a la otra realidad de la economía terciarizada, externalizada, crecientemente mercantilizada.
Desde instancias de interés económico se intentará fortalecer el discurso de los insiders y los outsiders. De los ultra-protegidos (dirán) y los Infra-protegidos (diremos). Es una vieja dialéctica que pretende cuestionar la norma, el derecho, la dimensión económica de la representación sindical en una pugna por la igualación a la baja.
Obviamente no podemos compartir ese esquema. Pero tampoco podemos obviar que esa sensación se da y está extendida. El largo proceso de diálogo previo a la reforma de la negociación colectiva introdujo un debate sumamente interesante. El de sustituir las viejas inercias de la flexibilidad externa (adaptación a los ciclos de demanda a través del ajuste del volumen de trabajo con la conocida secuencia de contratación temporal-despido) por otra de flexibilidad interna pactada. Se trata de que ante los problemas se adopten medidas acordadas de adaptación intentando incluir al conjunto de los potenciales afectados, evitando despidos aún cuando haya que modificar el estándar de trabajo que se viniera desarrollando en la empresa.
Más allá de la referencia al modelo alemán, o a la amplia utilización de Expedientes de Regulación Suspensivo que por ejemplo en Euskadi hemos hecho, creo que el planteamiento sindical tiene una potencialidad enorme. Por el papel que debe otorgase al sindicato, que legitima el mismo y sobre todo, por pasar de la defensa a ultranza de la norma pautada como torre de marfil, a la relativización inclusiva y democrática de la misma. La aproximación sindical a los colectivos más expuestos varía sustancialmente en un modelo y en otro, bajo mi punto de vista.
La indignación está visiblemente en las plazas y en las calles, donde los zapatos de los sindicalistas entre otras y otros dejaron suela, mucha suela. Y la seguirán dejando. Pero la indignación está o estará en las empresas. Y ahí, sin luces, ni cámaras, sólo está el sindicato para decir "que si, que si, que si SE representan".
Artículo Olaverri (El País "Y salieron a la calle")
sábado, 2 de julio de 2011
viernes, 1 de julio de 2011
El muro que anda, o lo pretende...
Llevaba tiempo con una tarea pendiente. Hacer un blog. ¿La finalidad? Por un lado compartir alguna reflexión propia, que casi siempre estará vinculada con el sindicato y el sindicalismo, y no sea estrictamente la que construimos colectivamente desde CC.OO. de Euskadi. Por otro, trasladar alguna de las posiciones sindicales que no encuentren salida en los medios de comunicación y me parezcan relevantes. Por último, tener una herramienta de opinión que insertar en las redes sociales.
La comunicación parece que cambia rápido. Los procesos de socialización y auto-reconocimiento colectivo de la sociedad en general y de la clase trabajadora en particular, son variados y cambiantes.
Las nuevas tecnologías, las redes sociales, Internet… nos posibilita un cauce de un potencial enorme para cuestionar los oligopolios de información y conformación de opinión. Por otro lado, la inmediatez en la información y la horizontalidad relacional en el contraste de opinión ofrece oportunidades y también algún riesgo.
Sin duda el sindicalismo confederal está sufriendo en propias carnes las consecuencias de una brutal campaña de desprestigio poco inocente y nada casual. Se pretende cuestionar la legitimidad de la representación colectiva de los y las trabajadoras.
Todas las manos, todas, son necesarias para dar a conocer y recibir información y opinión de la gente. Para explicar lo que somos, entender mejor lo que se nos demanda. Y porque no, para tratar de huir (no prometo nada…) del tono sacerdotal, trascendente y recargado que suele acompañar el discurso sindical. Veremos…
Transeúntes de la red. Nos vemos. Y nos leemos.
martes, 7 de junio de 2011
La afiliación sindical. Las cuentas y los cuentos...
Es significativo. Ayer (6 de Junio) en Expansión se hacía una valoración de la caída de la afiliacion sindical en España. La secuencia era:
- los sindicatos han perdido medio millón de afiliados durante la crisis;
- esto baja la tasa de afiliación al 16.4%.
- a su vez consolida en España la más baja tasa de densidad sindical de Europa (después de Francia)
- Sin embargo, los sindicatos negocian convenios para entre el 80 y el 90% de los trabajadores...
- ...y aumentan su poder sobre las reformas económicas.
Me ahorro toda la monserga adosada con la lluvia de subvenciones que forman parte del paisaje opinador cada vez que se habla de sindicatos, sea por lo que sea.
Hoy El Mundo se agarra a la percha y editorializa: "La refoma se hará a medida de UGT y CCOO" titula. Y dice de corrido la buena nueva del día anterior: "...el Gobierno parece decidido a hacer una reforma para contentar a UGT y CCOO, que sólo representan al 16% de los asalariados tras perder 500.000 afiliados desde el inicio de la crisis, y castigar a los empresarios..." y bla, bla, bla.
Desde el Observatorio Confederal de Afiliación Sindical de la Fundación 1º de Mayo se ha lanzado hoy la primera valoración de tan pulcra información. La deconstrucción del argumento Expansionista puede ser indicativo del rigor con que se trata de un tiempo a esta parte la realidad sindical en este santo país.
- La afiliación sindical en España entre 2.007 y 2.010 ha caido en 190.000 personas, de 3.216.000 a 3.026.000 (fuente Mº Trabajo, Encuesta de Calidad de Vida en el trabajo)
- Esto supone un 5.9% que parecerá mucho o poco, pero desde luego, es bastante menos que la caída de la población ocupada y que la caida de la población asalariada (-10.1% y -9.2% respectivamente)
- Medir el ratio entre afiliación sindical y población ocupada, como hace Expansión, es un poco tramposo. Supone incluir en tal medida a empresarios, autónomos o cooperativistas.
- Si se mide el ratio más ajustado, a saber, Afiliación sindical respecto a población asalariada, el resultado es que estamos en el 19.7%, apenas dos décimas menos que el año anterior.
Con todo, el elemento de manipulación más zafio viene cuando se afirma "España es de los países de la OCDE, el que con menos densidad sindical (representatividad de los trabajadores) hay entre un 80 y un 90% de trabajadores afectados por la negociación colectiva"
- La densidad sindical es la relación entre afiliación y población asalariada
- La representatividad deriva de las Elecciones Sindicales que se celebran cuatrienalmente, con regulación legal y control oficial de resultados en aquellas empresas con más de 6 trabajadores donde se promueva un proceso electoral
Claro, aquí los datos empiezan a romper estereotipos bien incrustados en el imaginario colectivo por la ímproba tarea de zapa liderada por quien desea romper con la única verdad de esta información (saldrá al final) y, desgraciadamente, avalada por más de uno y de dos y de tres despistados...
- Se realizan elecciones sindicales en más de 100.000 empresas...
- ...con más de 8.000.000 de trabajadores en plantilla (y niveles de participación, al menos en Euskadi, no tengo el dato del conjunto del estado por encima del 70%)...
- ... y más de 300.000 delegadas/os elegidos (por cierto, aquellos a los que en otra campaña digna del Pullitzer se denominó "liberados sindicales", aunque muchos tengan créditos para actividad sindical de 15 horas/mes)
- Resulta que en esas Elecciones, CCOO y UGT (cito sólo estos por ser los interpelados por la "información") obtenemos más del 75% de la representación...
- ... y en efecto (es la única verdad de la información), negociamos Convenios Colectivos para más de 13.000.000 millones de trabajadores, ques son en torno al 85% del total de asalariados.
No sé si merece la pena explicar demasiado todo esto. Creo que quien quiere entenderlo lo entiende, y quien no quiere... pues no lo entiende. Si se analizara con los criterios de los dos medios citados la democracia política en España, tendríamos que concluir que el Congreso de los Diputados no representa ni a una vigésima parte de la población (la afiliada a los partidos y no los votantes). Tal dislate se plantea a la hora de hablar de sindicatos por gente que supuestamente sabe lo que dice (a veces lo sabe, vaya si lo sabe...) y aquí nadie se ruboriza...
Pero la cuestión de fondo está planteada en la noticia, por supuesto. Se trata de romper la dimensión económica de la negociación y el convenio colectivo (determinación de condiciones y precio del trabajo); desequilibrar su función canalizadora del conflicto (reforzando la unilateralidad empresarial ante propuestas de pautar la solución de los mismos) e impedir que se consolide la gestión compartida de la flexibilidad o adaptabilidad del convenio (que se defiende en su vertiente teórica siempre que se limite o elimine la facultad de los "representantes" en una suerte de individualización y disponibilidad empresarial). En definitiva se trata de contrarreformar una reforma que a última hora se ha impedido, y que podía ser la más importante en bastante tiempo para mejorar nuestro sistema de Relaciones Laborales, nuestro mercado de trabajo y nuestro tejido productivo.
O sea que tras la información burda, hay una más que pensada estrategia de laminar el poder organizado de los trabajadores. Algo bueno hay. Hablan de creciente poder sindical y de tasa de cobertura del convenio a la cabeza de Europa...
domingo, 5 de junio de 2011
Queremos más Europa, pero no esta Europa (Diario Vasco, 05-06-11)
Artículo publicado en el Diario Vasco, 05-06-11
La Confederación Europea de Sindicatos (CES) que inequívocamente quiere más Europa, no quiere esta Europa. Para que la UE salga de la profunda crisis económica, social y política en la que la han sumido especuladores, financieros y malos políticos, el sindicalismo no puede actuar sólo. Debe hacer un llamamiento a la sociedad civil en su conjunto para que se movilice en defensa de los valores democráticos y solidarios del modelo social europeo, hoy tan severamente atacado. Esta es una de las conclusiones del recientemente celebrado XII Congreso, que ha tenido lugar en Atenas. La CES tiene 60 millones de miembros de 83 confederaciones nacionales de 36 países y 12 federaciones sectoriales. Es la organización social europea más importante, por tamaño y entronque en todas las sociedades europeas.
No sin debate, la CES ha superado la tentación de limitar la acción de los sindicatos al ámbito de cada país. Es fundamental fortalecer la capacidad de negociación y movilización trasnacionales. Este reto exige debatir sobre cómo articular esta capacidad desde los ámbitos nacionales o estatales, con los de ámbito europeo. Ante problemas globales, las respuestas segmentadas, la renacionalización de los discursos sindicales y políticos, el encerrarse en torres de marfil ni es deseable ni será efectivo. Entre los debates impulsados se incluye la posibilidad de promover una huelga general europea.
lunes, 16 de mayo de 2011
Los trabajadores al rescate de Europa (El Correo, 16-05-11)
Artículo publicado en El Correo, 16-05-11
Atenas acoge del 16 al 19 de mayo el XII Congreso de la Confederación Europea de Sindicatos (CES). El principal foro del sindicalismo europeo se reúne en un momento especialmente complejo y difícil tanto para el sindicalismo como para el proyecto de integración económica y política transnacional que es la Unión Europea.
Para salvar al sistema financiero de la quiebra y evitar la caída en una profunda depresión, los gobiernos de los principales países del mundo, desarrollados y emergentes, reunidos en el G-20 en 2008 y 2009, establecieron como prioridades la reactivación de la demanda y el comercio mundiales, la recuperación del empleo y la protección de los desempleados y una nueva regulación del sistema financiero para evitar crisis futuras.
Pero el pasado mes de mayo todo cambió. El Consejo y la Comisión europea dieron un giro radical a su política, abandonando aquellos compromisos y estableciendo como único objetivo de la acción de los gobiernos la reducción de los niveles de déficit público y de deuda pública, para alcanzar en un plazo breve los parámetros marcados en el Pacto de Estabilidad. Las reuniones de 2010 del G-20 fracasaron y su discurso se reorientó, con contradicciones, hacia posiciones conservadoras. El contraataque del poder financiero mundial, recuperado tras su salvación por los gobiernos y el dinero público, empezó a surtir efecto.
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