Es evidente el colapso de la estrategia política del Gobierno Tsipras. Visto con algo de perspectiva (poca aun) y la distancia de no estar allí, así es como lo veo.
El Gobierno planteó una negociación cuya espina dorsal era
económica y se encontró con un negociador estrictamente político y con un
objetivo primordial: cargarse al Gobierno griego.
La línea económica la ha descrito con meridiana claridad Varoufakis y es bastante consistente.
Grecia es un país insolvente desde 2010. La Troika no lo ha querido considerar
así. Con este "error" de
percepción se justificaron rescates a Grecia, que indirectamente eran rescates
a sus acreedores. Paralelamente a esa asistencia financiera, se exigían medidas
que tenían efectos recesivos graves sobre la economía griega, por otro lado muy
desequilibrada tanto en su sector público como privado.
El Gobierno Tsipras
pretendía introducir más elementos. Relajar las medidas de consolidación fiscal
(recordar que Grecia ya tenía un superavit primario), acometer reformas,
modificar la estructura de impuestos, reestructurar la deuda y necesidades de
inversión. Esta propuesta de Varoufakis
no es especialmente revolucionaria. En líneas parecidas las defiende la CES,
encaja (o debiera encajar) con cualquier visión socialdemócrata, y de hecho es más realista de cara al propio
interés de los acreedores (entendiendo por tal interés "cobrar").
En estos años (del 2011 al 14) ha habido una especie de
subrogación de acreedores respecto a Grecia. El volumen de deuda externa se ha
aumentado en 30 mil millones de euros, pero la que tienen contraída con
acreedores privados ha caído de 57 mil millones a menos de 16 mil millones
(correspondiendo 10 mil a acreedores privados alemanes). Los acreedores
públicos también se han dotado de instrumentos para amortiguar los efectos de
un hipotético impago.
Limadas las uñas del riesgo del Grexit (aunque estas cosas las carga el diablo y nunca se sabe...)
la batalla contra Grecia era política. El hegemonismo alemán no quiere permitir
el más mínimo margen de actuación en los países endeudados que dependa de la
orientación del voto en estos países. Ni más ni menos. Se trataba de derrotar,
humillar y deslegitimar al Gobierno griego. Esto tiene un efecto brutal sobre
la calidad democrática. Sin duda. Pero alude también a la necesidad imperiosa
de dotar de dimensión europea a cualquier alternativa política
anti-austericida. Porque, en mi opinión, lo más relevante del referéndum no era
si el Gobierno ejercía o "delegaba
en el pueblo" su responsabilidad (como se criticaba o se alababa), ni
siquiera si le daba más cancha o no en la negociación (como pretendía legítimamente
Tsipras). El gran problema es que
re-nacionalizaba la dinámica de negociación y creaba un choque de legitimidades
que tenía contraindicaciones claras (Alemania, Holanda u otros también tienen
sus "demos" de decisión).
No lo iban a permitir. No por defender un espacio de
decisión europeo en el que la idea táctica de Tsipras se viese como una iniciativa irresponsable. No lo iban a
permitir quienes quieren gobernar Europa desde un ejercicio autoritario inter-gubernativo,
donde las categorías políticas son el deudor y el acreedor, y el programa de
gobierno una intensa devaluación interna (sobre todo en los países con balanzas
deficitarias, aparatos productivos más débiles y por tanto que han fundamentado
su anterior crecimiento en base al endeudamiento con los excedentes del "club del superavit")
Si además añadimos la analogía que se ha buscado entre Syrza
y otras fuerzas como Podemos (este sí, gran error de Tsipras en mi opinión, por los efectos que iba a tener), el
hegemonismo alemán no sólo era cuestionado, sino jaleado por países como España, Portugal o Irlanda, a los que
objetivamente las tesis de Schaüble,
debían poner las barbas a remojar...
En fin, una estrategia griega de negociación rigurosa en lo
económico, voluntarista en lo político, acosada meticulosamente por unos (no
hablamos sólo de acoso verbal, sino de un estrangulamiento financiero que se iba a llevar adelante con todas sus consecuencias) y abandonada a su
suerte por otros. No creo que sea una boutade: una estrategia prácticamente bélica.
El colapso griego sitúa una paradoja. En tiempos de ensimismamiento
en la política líquida, se ha hecho visible de sopetón, planteamientos y prácticas
políticas de solidez y contundencia dignas del siglo XX. Contemplar a Schaübel y pensar en la próxima campaña electoral que va a parecer
un concurso de Eurovisión con poses, posados y robados… en fin. Para darle una vuelta al asunto.
Devaluación interna con hegemonía autoritaria de los países
del centro (singularmente Alemania), opción europeísta federal redistributiva,
o ruptura eurofóbica populista. Lo demás es voluntarismo, o casi.
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