Mostrando entradas con la etiqueta déficit. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta déficit. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de diciembre de 2014

Des-encorsetar los presupuestos



CCOO estará el martes 23 de diciembre en los aledaños del parlamento vasco, para reclamar desde la calle unos presupuestos de compromiso social y efectivos para el relanzamiento económico. Para ello sería necesario que las instituciones se conjurasen para aligerar los pesados corsés que hoy lastran cualquier presupuesto público.

Los términos del llamado Pacto de Estabilidad y Crecimiento Europeo, sus normas de disciplina fiscal y los efectos derivados en España y en propio ámbito de la autonomía vasca, topan el límite de déficit en el 0,7% del PIB de la CAPV (el previsto para 2015 ascendería a 67.081 millones de euros).


viernes, 10 de mayo de 2013

Diálogo institucional, político... ¿y social?


Parece que se va a concretar una flexibilización de los objetivos del déficit público a cumplir por el Estado Español. Tal circunstancia ya transmitida al gobierno de Rajoy hace tiempo, cambia en escasa medida el escenario económico general, aunque algunos efectos sí tendrá. Queremos hacer algunas valoraciones al respecto, en la linea con las que ya hicimos hace dos años.

  • Sobre la relajación de los objetivos de déficit para el Estado Español. Nos parece una noticia insuficiente. Otorgar dos años más para rebajar al 3% va a seguir obligando a hacer ajustes de caballo, que deteriorarán la situación económica y los servicios públicos.

No se trata de hacer apología del déficit. Las cuentas hay que ajustarlas porque no se puede vivir con un 10 o un 6% de déficit perpetuo. Exigen ser fin
anciados y los mercados de deuda se encarecen y sitúan al borde del precipicio a los estados. Necesitamos tiempo y precio. Y eso exige tomar medidas en ámbitos europeos con diversas propuestas en torno a una cierta mancomunización de deudas, reestructuraciones o intervenciones del BCE.

Igualmente, y junto a la Confederación Europea de Sindicatos, reivindicamos

lunes, 12 de noviembre de 2012

14-N Frente al repliegue resignado, el despliegue de la esperanza.


(Artículo publicado el 12 de noviembre en EL Correo)

La Confederación Europea de Sindicatos ha convocado el 14 de noviembre una jornada de acción y solidaridad. Se traducirá en varias huelgas generales (Portugal, Grecia, España, Italia), manifestaciones y movilizaciones. En Euskadi una vez más las disputas inter-sindicales, en este caso entre ELA y LAB (negativa de la segunda a convocar, que hizo a ELA desdecirse de su posición en Bruselas) rompe la respuesta que CC.OO. viene reclamando

El 14-N se da tras consensuar una resolución que denuncia las políticas austeridad y reivindica un Contrato Social para Europa. El sindicalismo europeo como agente activo ante los problemas que conlleva la insuficiente construcción política de la UE, construye un consenso difícil ya que la realidad sindical no es ajena a las situaciones que se dan en los distintos países.

El déficit político europeo, la intensidad y duración de la crisis trae riesgos implícitos: la desafección de la ciudadanía de la política, sugestionada por el espejismo del sálvese quien pueda; las respuestas a los problemas en claves de “repliegue”, sea éste sectorial-corporativo, territorial o individualista. Esto supone profundizar más y más en la atomización y déficit institucional de Europa, y reforzaría la hegemonía de actuación a los poderes financieros y económicos.

El 14-N constituye una respuesta común desde la diversidad, un relato básico compartido ante la crisis. Construido desde un mínimo común denominador como no puede ser de otra forma ante tal pluralidad sindical. Arma una posición común, coherente y sólida frente al riesgo de disgregación descrito. Y lo hace desde una iniciativa de movilización diversa en países diversos: Europa y el apoyo del sindicalismo latinoamericano y de la Confederación Sindical Internacional.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Las máscaras de la crisis. Europa a la deriva


He participado en la presentación del libro “Las máscaras de la crisis. Europa a la deriva” del profesor de Economía en la Universidad de Deusto, Francisco Rodríguez Ortiz. En un acto organizado por la Fundación José Unanue y la Federación de Irakaskuntza de CC.OO. de Euskadi hemos hecho tres exposiciones para dar paso luego a un interesante coloquio con los participantes.

El libro es del máximo interés y de la máxima vigencia. Contiene elementos descriptivos de la pre-crisis y de la situación actual desde parámetros económicos, pero también políticos.

Del máximo interés porque se introduce en la siempre compleja materia económica con afán pedagógico. Vamos, que con algo de esfuerzo se puede leer y se pueden entender gran parte de las cosas que nos están pasando.

De la máxima vigencia no hace falta decir por que, pero recomendaría la reflexión interesantísima sobre el modelo político que subyace detrás de la construcción monetaria pero no económica ni política de Europa. Y las opciones que hay en el futuro.

Por si fuera poco, el momento es idóneo en relación con el 14-N y la convocatoria europea que desde la Confederación Europea de Sindicatos hemos realizado. En tiempos de estrecheces autarquistas sindicales y de riesgos populistas varios, es muy recomendable.

martes, 30 de octubre de 2012

¿Huelga política?


En círculos de opinión y en alguno seudo-sindical se pretende menospreciar la huelga del 14-N como política. Parto de considerar que las huelgas generales son un elemento de irrupción política de la representación y organización colectiva de las y los trabajadores (sindicatos).  Entendiendo la política como el ámbito de decisión para conseguir los objetivos que una sociedad se fije en los asuntos públicos, está claro que una huelga general pretende influir en esa decisión desde el ejercicio democrático de la misma.

Si lo que se pretende es mezclar el carácter “político” con el “partidista” ahí se pincha en hueso. Es difícil tachar de partidista una convocatoria de ámbito europeo. No parece que hacer oposición a Rajoy sea lo que motive a sindicatos portugueses, italianos, griegos, malteses o chipriotas a convocar paros generales. Extraña pensar que la DGB alemana, la CGT o la CFDT francesa, la FGTB belga o sindicatos checos y eslovenos tengan entre sus desvelos los desvaríos de Fátima Báñez.

Pero más allá de estas zarandajas hay un tema que no se debiera pasar por alto cuando se habla con tanta frivolidad de “lo político”. Y más en un momento donde vende y levanta aplausos “lo anti-político”.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Crónica atropellada de un lunes

Ayer ser presentó el plan de ajuste italiano. Entre lágrimas y renuncias a sueldos del presidente del Gobierno. Quizás estos gestos, aparentemente populistas, tengan sentido en un país donde la distancia entre la política y la calle es sideral. La sensación de casta política privilegiada es tremenda en la península vecina. Y bastante justificada.

Que sea el gobierno tecnocrático quien entienda que debe trasladar cierta compasión en las medidas tiene su punto paradójico. Después de la amoralidad bufonesca del innombrable personaje al que las urnas elevaron al caudillaje del país, todo parte de perspectivas distintas y es curioso como los sindicalistas italianos analizan al nuevo gobierno. Es difícil interpretar desde fuera…

En todo caso, la CGIL ya se ha situado en frente de las medidas a través de su Secretaria General, Susanna Camusso. Falta de equidad ha dicho. Importante el argumento cuando la legitimidad pública y aún colectiva es la que está en riesgo. Italia tiene un nivel de deuda muy alto y un sistema fiscal que dicen, es un coladero. Fraude muy extendido. Elusión fiscal.

Italia genera el tercer mercado de deuda del mundo y 2.012 es especialmente sensible por la cantidad que tiene por financiar. Los tipos que ha tenido que soportar últimamente presagiaban el desastre. ¿Son estas medidas por tanto un elemento creíble para aliviar a los mercados en los próximos meses? No, yo creo que ni de lejos. Los mercados sobrevuelan en círculo sobre la presa que ven débil. Con el recorte anunciado de 30.000 millones sigue siendo débil en los plazos cortos y medios. Más débil aún, pues tales medidas traerán menos crecimiento y una probable recesión en 2.012.

Más bien parecen medidas para contentar a los cobradores del frac del norte prestamista. Se trata de tomar medidas de consolidación fiscal (recorte déficit y gasto público) a cambio de espantar 100 metros para arriba a los que aletean sobre los alientos débiles. A través del BCE, la compra de deuda, o en cada momento como se haga. Todo a cambio de deteriorar la solvencia futura. Europa sigue siendo un coto de caza y las vedas son demasiado interesadas y cortoplacistas para que nada pinte bien.

El cobrador del frac ya habrá hablado largo y tendido con Mariano. Habrá puesto las condiciones. Reducción de déficit, menos gasto. Las recetas suelen ser las mismas aunque el problema sea parecido pero no igual. En España los números macroeconómicos son distintos, pero la confianza que da una economía débil, peores. ¿Pretenderá el próximo gobierno destartalar el sistema de relaciones laborales? ¿Cree que la devaluación salarial es la clave, junto al recorte de gasto público, para retomar algún día una senda de crecimiento?

Doy por descontado que seguirá habiendo recortes de gasto y de servicios públicos a los que hay que seguir oponiéndose. La otra cuestión generará más dudas: incentivará un tipo de economía u otro, un tipo de empresa u otro, un tipo de sectores u otros. El coro ideológico que le canta por las mañanitas a Rajoy lo tiene claro. Espero que él, no.

En Euskadi seguimos teniendo la opción de elegir si hacemos cosas o no. Si hacemos unas cosas u otras. Hoy han convertido elegir en un lujo.

Cuatro claves. Demanda interna, gasto de las administraciones, sector exterior, financiación. La actualización salarial de los convenios colectivos bloqueados y las reformas fiscales que incrementen la recaudación mejorarían las dos primeras claves. Equilibrio en ambas cuestiones sitúa la tercera en buena posición. La evolución de los países centrales y de las entidades financieras… harina de otro costal.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Uscire dal tunnel. Convención Internacional de Florencia

Los días 21 y 22 de Noviembre pude participar en un encuentro sobre la crisis y sus efectos en Europa. Con participantes sindicales (CGIL Toscana, LO Suecia, DGB y CC.OO. de Euskadi), políticos (SPD y Partido Democrático), así como representantes de la universidad, del periodismo y responsables de Fundaciones de Estudios. Los dos diás de trabajos fueron clausurados por la Secretaria General de la CGIL, Susanna Camusso.

Destacaría el notable grado de sintonía entre todos los participantes a a la hora de diagnosticar la crisis y sus causas, el rechazo a las políticas de ajuste y el riesgo para Europa y sus trabajadores. Igualmente una gran mayoría de intervinientes reclamamos una mayor integración en las políticas europeas, como condición necesaria para disminuir la presión de los mercados sobre el modelo social europeo. Se reivindicó el valor central del trabajo como elemento de distribución de renta y de legitimador de auténticas democracias.

Tuvimos el honor de intervenir en la vieja Universidad de Florencia, con una estatua de Galileo Galilei recibiéndonos todas las mañanas y sabiéndonos observados, a lo lejos, desde la Galería Uffizi, por Niccolas Maquiavelo. En la Italia post-Berlusconi y en la Europa de la receta única, tal duelo tenía su morbo. Tras dos días de trabajo, el sindicalismo europeo debe apostar claramente por el genio de Pisa: “Eppur si muove”. Y si no, habrá que moverlo...

Traslado mi intervención, no literal sino rehecha desde el guión que llevé y la memoria. En otra entrada incluiré algunas de las ideas que dejaron otros ponentes, siquiera señaladas.


La crisis en España y su especificidad más relevante, la enorme tasa de desempleo tiene que ver al menos con estos elementos:

• La deficiente composición de su tejido productivo, con un excesivo peso de la construcción y los servicios de poco valor añadido.

• Las tasas de desempleo, estructuralmente altas, incluso en los años anteriores al estallido de la crisis, pese a haber alcanzado récords propios en población ocupada y cotizantes.

• La especial afectación de la crisis financiera en el modelo de crecimiento español de los últimos años.

En efecto, el crecimiento en España se ha dado sobre la base de un enorme endeudamiento privado, vinculado a un flujo de crédito externo de grandes magnitudes. Pese a los bajos incrementos de la productividad de la economía real y una pérdida de peso de las rentas salariales en el conjunto de la renta nacional, la sensación de riqueza, la demanda interna atravesaron su década prodigiosa en una especie de festín de crecimiento continuo.

Las cifras de la contabilidad nacional atravesaban igualmente una aparente buena salud. Con una presión fiscal comparativamente baja, las administraciones públicas parecían manejar con solvencia nuestras cuentas públicas. Hasta el estallido de la crisis España mantenía un superávit público (diciembre de 2.007) y el nivel de deuda pública rondaba el 30% del PIB. Muchos mejores datos que otras economías próximas e incluso más potentes.

Se daba igualmente una dinámica a la que se asociaba una parte no menor del endeudamiento privado y buena parte de la recaudación pública. Era la subida continua del precio de la vivienda, que actuó durante todos estos años como una especie de bien colateral al que se asociaba la capacidad de endeudamiento de todos los agentes privados (bancos, cajas, promotoras, familias, administraciones sobre todo locales...)

Todo esto se puede expresar en datos que dejan escasos márgenes a las dudas. Entre 1990 y 2011 el crédito concedido por el sector financiero español a los residentes pasó del 68 al 171% del PIB. Los créditos con garantía hipotecaria del 18% del PIB al 98% del mismo.

Ese volumen de crédito concedido se ha captado en buena parte en el exterior. 761.200 millones de euros es la deuda de las entidades financieras españolas en el exterior, con vencimientos medios de 3 años, mientras los créditos hipotecarios tienen una media de duración de 25 años.

La deuda privada en España, excluyendo la de las entidades financieras asciende a 2,8 billones de euros. Las empresas deben 1,2 billones, 45% del total; las familias tienen pendiente de pago más de 880 mil millones (31% del total); las AAPP pasaron de 300 mil millones a 682 mil en los últimos tres años.

Por tanto, y a modo de breve conclusión, no es la deuda ni el déficit los causantes de nuestros especiales problemas. En todo caso son la consecuencia de los mismos. Los datos del déficit desmesurado son consecuencia de la caída de la actividad y por tanto de los recursos. La deuda pública en España sigue en niveles comparativamente aceptables( algo más del 65% del PIB) mucho más bajos que por ejemplo en Italia o en EEUU donde superó el 100% de su PIB el pasado verano.

Por tanto el problema no es de elefantismo público. Es de tejido productivo, es de productividad de la economía real, es de distribución de renta, y es de un modelo de desarrollo perverso que dopó con crédito abundante las deficiencias estructurales de la economía española.

Políticas realizadas hasta ahora

El gobierno español, después de negar reiteradamente la profundidad de la crisis, acometió una serie de políticas que podríamos denominar keynesianas. Especialmente relevantes fueron el Plan E, destinado a mantener una actividad en la construcción que se paralizaba de forma abrupta. En algunas zonas del estado esto suponía que muchísimos trabajadores quedaban en paro sin expectativas de encontrar empleo.

Otra medida relevante fue la creación de una especie de subsidio para desempleados de 426 euros. Estas medidas, en un momento de caída de recursos públicos y al no adoptar medidas fiscales que ampliasen la base de recaudación contribuyeron a disparar el déficit público que llegó a superar el 11% del PIB.

Después de Mayo de 2.010 el Gobierno cambió sus políticas apostando por medidas de austeridad. Priorizó absolutamente la reducción del déficit público, lo que a la postre está siendo otro lastre en la actividad económica española, ya muy debilitada por la caída de la demanda interna, el incremento del paro y el parón del crédito.

Igualmente resolvió una serie de las llamadas reformas estructurales en materias como mercado laboral, negociación colectiva y pensiones. Sólo esta última contó con un acuerdo social para una reforma equilibrada que evitó medidas cortoplacistas que debilitasen decisivamente la seguridad social y es sistema público de pensiones. Por contra, logramos un acuerdo que abordó de forma conjunta medidas respecto al gasto, al ingreso y a los comportamientos ante el sistema, y que incluyó a nuevos colectivos en el sistema general de la Seguridad Social.

En las otras reformas sintetizando mucho podemos decir que son medidas de liberalización y perdida de garantías en el mercado de trabajo. Facilitando el despido y la inaplicación de los convenios colectivos sectoriales a través de distintas fórmulas que permiten aplicar condiciones menos favorables en las empresas. Todo eso en un tejido de empresas dominado por la PYME e incluso la microempresa.

Todo ello se ha dado en un contexto de presión creciente de los inversores en los mercados de deuda, disparando la prima a pagar por el estado lo que deteriorará su solvencia futura y trasladando una presión política para adoptar medidas de austeridad y de desrregulación. La llegada del PP al gobierno acentuará estas políticas y pueden ser un grave riesgo para los derechos de los trabajadores y para el país. Desaparecida la posibilidad de devaluar la moneda, la devaluación interna también de los salarios puede ser la alternativa de fondo para buscar ganar competitividad desarticulando la negociación colectiva, medida también planteada en Italia.

Lo que puede hacer un país y lo que debe hacer Europa

La adopción de las medidas descritas y equiparables a las de otros países están agravando la situación. Este año lo cerraremos con un crecimiento en torno al 0'7% y el que viene probablemente con una recesión.

España tiene sus propias debilidades sobre las que tiene que actuar.

• Una economía que debe diversificarse para generar más valor requiriendo de sectores tecnológicos y de una política industrial que lo favorezca

• Mejorar la productividad en base a criterios distintos que el deterioro del trabajo. Serán claves las políticas de formación para el empleo, la apuesta pública y privada por la I+D+i.

• Mejorar su sistema fiscal y de redistribución. La presión fiscal sobre las rentas más altas, los rendimientos distintos a los provenientes del salario y algunas figuras impositivas deshechadas tienen márgenes para mejorar la recaudación fiscal sin deteriorar la actividad económica

• Mejorar nuestro mercado de trabajo mediante nuevas inercias. En España la tasa de temporalidad se ha situado normalmente por encima del 30%. Esto unido a un despido sencillo conlleva una flexibilidad externa en la que las empresas contratan precario y despiden fácil como método de adaptación a los ciclos de demanda. Para nosotros es una visión errónea que genera incentivos negativos respecto a temas tan importantes como la formación continua y la cualificación del trabajo. Frente a ese esquema necesitamos otro que permita mayor intervención sindical. Un esquema de flexibilidad interna pactada para mejorar la adaptabilidad de las empresas y los cambios de ciclos. La pretensión empresarial es la de actuar unilateralmente lo que sabemos que será un riesgo para los derechos laborales. Un esquema de participación sindical es clave para gobernar los cambios y las adaptaciones haciéndolo compatible con garantías para los trabajadores.

Me detengo aquí un momento. En mi opinión las opciones entre un esquema y otro tienen más que ver con el aparato productivo de un país que con la norma laboral.

En el País Vasco con cifras de crecimiento económico durante la crisis similares a las del conjunto de España, el comportamiento del empleo ha tenido características propias. Mientras en España el paro se disparó en apenas dos años, en Euskadi el número de trabajadores que fueron al paro es similar a los que han pasado por Expedientes de Regulación de Empleo de carácter suspensivo. Son situaciones en las que se reduce o se suspende la jornada de trabajo, pero no se rompe el vínculo laboral. El trabajador percibe una parte de su prestación de desempleo y habitualmente pactamos mejoras con la empresa. De esta forma, se adecua el volumen de trabajo a la caída temporal de demanda. Estos expedientes han sido casi siempre con acuerdo entre las partes y por encima del 80% de los trabajadores afectados han vuelto a trabajar en la misma empresa. Y todo ello con la misma norma laboral, los mismos procedimientos y los mismos sistemas judiciales que en el resto del estado, donde esta figura se ha utilizado mucho menos ¿Por qué? Porque un tejido productivo más industrial, que requiere de puestos más cualificados, donde la formación o la cualificacion adquirida es un activo que aporta valor a la empresa tiene más incentivos para generar unas determinadas prácticas laborales. Un modelo de empresa que pretende rentabilizarse en buena parte a través del ajuste salarial, que genera puestos de escaso valor añadido y pretende trabajadores desechables, genera otro tipo de práctica laboral de precariedad.

Pero hay otros componentes de la crisis que no permitirán a ningún país de forma individual salir de la misma si no hay una acción supranacional.

• Las crisis de deuda soberana van a hundir las posibilidades de reactivar la economía. El coste de la financiación de los países llamados periféricos será un lastre para sus economías.

• Esta debilidad a la hora de financiarse, la deficiente actuación europea y las propias opciones ideológicas van a profundizar en medidas de austeridad y recorte, que alejarán la reactivación económica y debilitarán el modelo social europeo.

Debe avanzarse en una acción europea mucho más integrada. No necesitamos menos Europa sino más. Avanzar en la constitución de una Reserva Federal Europea, en la emisión de eurobonos. En Fórmulas que permitan refinanciar las deudas y déficits de los países en niveles razonables mancomunando las mismas, y poniendo freno a las actuaciones especulativas.

• Necesitamos más sindicalismo europeo también. Reforzarnos como contraparte necesaria en una construcción más democrática de Europa. La UE se ha constituido como un libre espacio de intercambio de bienes y servicios, una moneda única y una política monetaria destinada a controlar la inflacción. Y poco más. Ese modelo es manifiestamente insuficiente. Ese modelo puede llevar a Europa y al euro al abismo.

Y para terminar sólo dos apuntes más.

• De fondo, el modelo de crecimiento está en cuestión. El crédito como elemento central de aceleración económica puede estar tocado para mucho tiempo. En un momento en el que el centro de gravedad de la discusión política está entre la pugna acreedores-deudores, una visión alternativa y progresista necesita situar ese centro de gravedad en replantear el modelo de redistribución de la riqueza, en un contexto distinto, supranacional


• Los problemas económicos de un país como España no son ajenos a los de los países centrales de Europa. En la ultimas décadas se ha dado un formidable trasvase de recursos de algunas zonas del mundo en las que se han dado mayores procesos de acumulación de capital, a otras a través del crédito y el endeudamiento. Dentro y fuera de Europa. España o Irlanda o los propios EEUU cebaron así su economía. Pero ese flujo de crédito asumió riesgos compartidos porque también a los que prestaban les interesó esta dinámica. Para ver remunerado su capital, y porque la expansión económica de la periferia era condición necesaria para exportar su capacidad productiva del centro. Por tanto estamos ante un círculo que se consideró virtuoso y que el estallido de la crisis y la estafa financiera convirtió en vicioso. Si los gobernantes conservadores creen que cada país debe apañárselas con lo suyo, se equivocan porque los problemas son compartidos

martes, 6 de septiembre de 2011

No podemos gastar lo que no tenemos

Ha sido la frase más escuchada para justificar la reforma constitucional que limita de forma drástica la posibilidad de déficit público. La frase, que parece de abuela bienintencionada, esconde un cinismo argumental curioso.

Porque la cuestión no está en gastar más de lo que se tiene. Se trataría en todo caso de no gastar más de lo que se vaya a poder pagar. Y el cambio es sustancial. La cuestión sería si “no gastar más de lo que se tiene” (déficit cero o casi) va a tener un efecto negativo sobre el crecimiento y por tanto sobre ese “lo que se va a poder pagar”. Que lo tiene. Porque la garantía de solvencia de un país vendrá o no de la evolución de la economía productiva, la generación de empleo y de recursos. Y las políticas de activación económica que puedan co-impulsar las administraciones públicas necesitan de márgenes para, a veces, asumir déficits públicos.

Cierto es que el déficit conlleva que para ajustar ingresos y gastos o se recauda más, y/o se gasta menos, o/y se financia la diferencia (pedir prestado pagando intereses). ¿Qué se está haciendo? Incrementar el ingreso a través de imposición directa (por ejemplo el IVA); no explorar el incremento de la base o la presión fiscal de rentas altas y rendimientos de capital; financiarse pagando un alto precio por la presión especulativa sobre las emisiones de deuda, la descohesión política europea y la menor credibilidad comparada entre los países periféricos y los centrales; reducir drásticamente gasto… Y para colmo se plantea un dogma preventivo que dificultará hacer políticas contra los ciclos económicos bajistas.

Pero iba a lo del cinismo del argumento. Porque con el presunto adagio del título cualquiera diría que el recurso al endeudamiento fuera una bicha a evitar a toda costa. Y uno mira hacia atrás y se hace cruces.

Precisamente porque si algo caracteriza la situación actual es el enorme endeudamiento que arrastran empresas, familias, entidades financieras y estados. Deuda mayormente privada, no olvidar, y además fomentada y celebrada como auténtica boda de Canaan que demostraba que la desregulación financiera y la creación de derivados financieros podía hacer real la multiplicación de los panes y los peces

El milagro español de los últimos noventa y primer lustro y pico del siglo XXI no se puede entender sin el papel del crédito y del endeudamiento masivo y con alegres ponderaciones del riesgo ligado en buena parte a la burbuja de la vivienda y su construcción. Créditos concedidos por entidades financieras cercanas que a su vez se financiaban pidiendo ese dinero a otras entidades financieras menos cercanas. Las ponderaciones de riesgo por tanto no sólo se hicieron alegres en los efluvios del Rioja o el Jerez, sino en cervezas bávaras o Borgoñas franceses…

Estados Unidos ha convivido con grandes déficits comerciales y por cuenta corriente (de capitales). Además, cachondos como son, promovieron bajadas de impuestos e incrementos brutales de gasto público, más que en hospitales en política exterior e intervenciones militares que fortalecen su hegemonía geopolítica mundial. ¿Cómo resolvieron la encrucijada, léase un déficit de caballo? En efecto, endeudándose como si no hubiera mañana. Dólar como valor refugio, fortaleza de la primera económica del mundo, hegemonía mundial… lo que se quiera, pero déficits y niveles de deuda hasta sobrepasar su propio PIB anual.

¿Se trata de defender la bondad del déficit y el endeudamiento? Evidentemente, no. Se trata de que los compromisos de equilibrio presupuestario no pueden ser tan rígidos como para impedir jugar con políticas fiscales y de gasto con los que hacer frente a algunas situaciones económicas de debilidad de demanda o de inversión privada.

¿Qué puede haber detrás de un planteamiento ideológico y político que asume el recurso a endeudarse por los entes privados como un acelerador formidable del crecimiento económico y sin embargo los estados deben constitucionalizar un continuo equilibrio de cuentas en cualquier circunstancia?

Lo dejo a su consideración y opinión.

sábado, 27 de agosto de 2011

Consideraciones desordenadas sobre la constitucionalización del no-déficit

La limitación por norma constitucional del déficit público ha sacudido la política del país. A bote pronto se me ocurren tres reflexiones:

Una, relacionada con un hecho que cada vez parece más claro. Entre unas cosas y otras, se ha terminado por instalar la idea de que el eje de bóveda de la actuación anticrisis es la austeridad presupuestaria, consolidación fiscal, equilibrio presupuestario. De fondo una percepción equivocada y perversa: estamos en la que estamos por manirrotos gastadores de dinero… público. Han conseguido que una crisis de sobreendeudamiento fundamentalmente privado, financiarización económica y desregulación de mercados se perciba socialmente como una crisis de despilfarro publico.

La segunda, el fondo y la forma de la reforma suenan a una especie de réquiem por la política, por no decir por la construcción política de Europa y hasta por la soberanía de los distintos espacios de poder público de los que nos hemos dotado.

La tercera, con todo y con esto, me da que es una reforma difícilmente constitucionalizable y llegado el caso de casi imposible aplicación.


Intentaré explicar las tres reflexiones a trazos gestálticos, como los impresionistas. O sea a pinceladas desordenadas que al final se supone que definen algún tono o alguna forma. Veremos.

Sobre el déficit. El déficit público es una consecuencia de la crisis, y no el causante de ésta. En el cierre de 2007 España tenía un superavit público superior al 2% del PIB. 24 meses después superaba el 11% de déficit. ¿Por qué? Sobre todo por la caída de actividad económica (más paro, menos demanda…) y la brutal caída de recaudación.

No se trata de hacer apología del déficit. El déficit sale caro. Cuando un país tiene un déficit de ese calibre, está claro que tiene un problemón. Tiene que reducirlo, y mientras lo reduce, necesita financiarlo para cubrir sus necesidades en los plazos cortos y medios. Para ello, o incrementa la recaudación o se endeuda. Emite deuda por la que tiene que pagar un interés.

Cuando se emite deuda pública, los países con peores perspectivas económicas tienen que pagar más caro para colocar la suya, y además se están dando movimientos de carácter especulativo para que los inversores que pueden adquirirla obtengan la máxima rentabilidad. A costa claro, de un mayor pago por esos recursos que el emisor de deuda necesita, lo que le puede estrangular en los plazos cortos o hacer casi quebrar en los largos. Cosas del "dejar hacer" liberal, la autorregulación.

Sin embargo una norma legal que impida dogmáticamente mantener un déficit público reconducible en el futuro, está lastrando la propia capacidad del estado de hacer política económica anticíclica (estimulando la demanda cuando la privada cae o la economía se estanca); también de mantener redes de protección social que hagan frente a las consecuencias de la crisis (paro y pobreza). En el fondo se está condenando a mantener un déficit futuro, no sólo fiscal, sino social. El gran problema de España es su paro, la composición de su tejido productivo, la productividad de una economía que se ha basado excesivamente en elementos con píes de barro. Eso está determinando el déficit.

Se puede hacer un ejercicio de hipótesis. Con la norma que impidiera mantener déficits públicos (en los términos y estructura legal que se determine): ¿qué hubiera tenido que hacer el Estado Español en los 24 meses en los que sus cuentas públicas sufrieron un pendulazo de más de 13% del PIB pasando de 20.000 millones de superávit a 117.000 de déficit? ¿Reducir su gasto público en esos términos hasta el equilibrio presupuestario? ¿Qué consecuencias sociales hubieran tenido esas medidas? ¿Y económicas? ¿Hasta dónde y cuándo hubiera llegado una recesión de detraer de la economía esos recursos?


Sobre Europa y la política. En una entrada anterior  traté de hacer un relato simple sobre la relación en la UE entre la canalización de crédito de las entidades financieras de los países centrales a las de los llamados periféricos. Cómo esto había generado un crecimiento basado en endeudamientos muy altos (en el caso de España con un bien colateral como la vivienda y su precio como elemento clave de este proceso). Y sobre todo, cómo se habían compartido responsabilidades entre los actuales acreedores y deudores, lo que obligaba a alguna forma de mutualización de la respuesta al colapso de esa sobredosis de flujo de crédito.

En ese sentido debían ir medidas como la creación de fondos que pudieran adquirir deuda pública o la emisión de eurobonos, con la idea de aliviar la presión especulativa sobre las deudas soberanas, e impedir que el servicio de la misma (su pago) estrangule el crecimiento futuro de los países (lo que incidirá en su viabilidad de mañana, claro…).

Aquí se va por la línea contraria: A quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. Construcción europea para canalizar ahorro y capital acumulado a través de crédito con el que dar salida a la capacidad productiva propia. Deconstrucción europea cuando el motor se ha gripado, y toca hacer el control antidoping de la EPO que con alegría se prestó en base a burbujas inmobiliarias y a excesiva laxitud al evaluar riesgos. Digno de estadistas.

Las deudas entre entidades financieras y entre estados e inversores es de tal calibre que todo el mundo es consciente que no va a cobrar todo lo que le deben. Hay un artículo del profesor Arriola que lo explica bien. En ese proceso de quitas futuras mientras se retrasan, se está produciendo una recomposición económica, política e ideológica de consecuencias imprevisibles.

Este tipo de medidas que nos ocupa, impuestas, sugeridas o paulinamente sobrevenidas van en esa direccion, me temo. O al menos pretenden un chantaje irresponsable sobre los estados a cambio de hacer lo que al final tocará hacer si no se quiere que todo el entramado EUROpeo se venga abajo. Es lamentable que se pretenda tener un espacio económico común y lejos de avanzar en su institucionalización política se estén dando pasos reaccionarios en ese sentido: instaurar y constitucionalizar una práctica que exige abrazar el neoliberalismo como ideología de gobierno necesaria es algo que me cuesta creer que se haya evaluado suficientemente. Un error grave, diferido en el tiempo, pero probablemente la medida más estructural y peligrosa que se ha tomado, porque no sólo debilita el estado social en el difícil tránsito de la crisis. Pretende jibarizar la actuación pública con o sin crisis.